dimecres, 8 de maig del 2013

Tota

Tota. Era yo una gatita negra i blanca, había nacido hacía un año en libertad al igual que mis
tres hermanos en una casa abandonada en un pequeño pueblo pesquero.

Me pasaba el día haciendo mis tres cosas preferidas, que era lo mismo que hacían mis tres
hermanos, que era comer, dormir, y jugar, pero lo que más me gustaba era descubrir junto
a mis hermanos nuevos lugares donde vivir nuevas experiencias, aunque eso a veces me
provocase algún que otro susto, como el día que los cuatro decidimos entrar en el jardín de
una casa en la cual nunca antes habíamos entrado.

Fue muy fácil entrar, no tuvimos que trepar por ninguna tapia ni subir por ningún árbol, como
había ocurrido otras veces. El lugar era bonito, había un gran jardín con césped y cuatro
grandes palmeras.

Al principio todo estaba tranquilo, así que nos dedicamos a jugar en aquel mullido césped. De
pronto oímos un ruido y vimos venir hacia nosotros un perro. El susto fue enorme y los cuatro
corrimos hacia el lugar por dónde habíamos entrado, que era una gran puerta con barrotes de
hierro. Una vez estuvimos al otro lado de la puerta, nos escondimos los cuatro bien juntitos
detrás de un arbusto, mirando hacia los barrotes y entonces pudimos ver bien al perro que nos
había asustado. No era un perro grande, era de color rubio con el pelo rizado y muy chillón,
que no paraba de ladrar con unos ladridos que nos asustaban.

Y fue entonces cuando nos dimos cuenta de que el perro no podía atravesar los barrotes de
la puerta, fue entonces cuando uno de mis hermanos salió de detrás del arbusto y se encaró
con el perro, los demás seguimos escondidos hasta que nos dimos cuenta de que el chucho no
podía atravesar los barrotes por mucho que lo intentase, y fue entonces cuando la diversión
empezó de verdad. Mientras dos de nosotros nos escondíamos, los otros dos corrían hacia la
puerta haciendo que el perro ladrara y diera saltos intentando saltar la puerta sin lograrlo.

Así estuvimos un buen rato hasta que salió la que debía se la dueña de la casa diciendo “Duc,
ven” y le hizo entrar dentro de la casa, y se terminó la diversión.

Tiempo después, cuando mis hermanos ya andábamos cada uno por su lado, volví a aquel
jardín pero a pesar de que estuve un buen rato dando vueltas por todo el jardín no volví a ver
aquel perro con el cual nos habíamos divertido mis hermanos y yo. Pero volví una y otra vez,
me gustaba aquel lugar, se estaba bien. Al poco tiempo empecé a tumbarme al sol, junto a la
mujer que vivía en aquella casa. Un día la mujer me dio comida y yo me dejé acariciar así que
a partir de aquel día seguí yendo todos los días. Me gustaba tumbarme al sol junto a la mujer
y que me acariciara así que, en cuanto la veía sentarse al sol, yo me tumbaba a su lado panza
arriba para que me acariciara la barriga, al final nos hicimos buenas amigas.

Luego conocí a un gato rubio muy guapo y tuve tres preciosos gatitos en aquel bonito jardín
y la mujer me dio una vez más de comer mientras yo amamantaba tranquilamente a mis tres
cachorros.

Y supongo que la historia volverá a empezar de nuevo quien sabe si en aquella misma casa.


dimecres, 7 de desembre del 2011

Antiguos remedios para dolencias comunes

Grandes fueron los beneficiados en tienpos pasados de las virtudes de las plantas medicinales para los seres humanos e incluso para los animales, que tamvién se veneficiaron de sus propiedades. y aun que los tiempos an canviado y la medicina moderna a desmostrado su ecicacia en multitud de ocasiones.

La medicina natural es sin duda una buena aliada para mejorar nuestra salud.

Muchos son los beneficios de las plantas medicinales algunas de ellas son conocidas, desde hace siglos en algunos paises.

Pero muchas otras solo se enpezaron a conoceren nuestro pais desde hacerelativamente muí poco tienpo. Si lo comparamos con el tienpo que se llevan utilizando en otros continentes.

Es por ello que es necesaria la divulgacion y los conocimientos de sus beneficios para la salud.


Equinácea

Originaria de praderas del centro de Estados Unidos, utilizada por los indios sioux y otros desde hace siglos.

A medida que los colonos iban extendiéndose hacia el oeste fueron conociendo de las múltiples aplicaciones de la equinácea hasta que, a finales del siglo XIX, fue incluida como planta medicinal dentro de la farmacopea occidental, periodo cuando alcanzó un gran prestigio principalmente como remedio para curar la sífilis o la gonorrea. Con la aparición de los antibiotióticos, perdió bastante su uso hasta que este volvió a recuperarse en el último cuarto del siglo XX.


Propiedades medicinales

La principal virtud de la equinácea radica en sus propiedades antimicrobianas en contra de bacterias, hongos y virus que la configuran como un autentica alternativa a los antibióticos químicos. Esta planta se considera uno de los mejores antibióticos naturales. La razón de esta propiedad se debe a su capacidad para estimular el sistema inmunitario, produciendo más glóbulos blancos. La equinacina, el ácido cafeico y el ácido chicórico son los componentes que producen esta estimulación. Igualmente se ha comprobado su poder para estimular la producción de interferón, una proteína que el propio organismo produce para neutralizar los virus.

Aunque puede tomarse en forma de planta seca, lo ideal es utilizar suplementos normalizados de equinácea que permiten una utilización más práctica y con una mayor seguridad. Puede encontrarse en forma de comprimidos, cápsulas, tintura entre otros.

Usos y dosis recomendadas

Las propiedades antivirales y antimicrobianas de la equinácea pueden aprovecharse para el tratamiento de enfermedades del aparato respiratorio. Puede tomarse también antes de la aparición de estas enfermedades, como un remedio preventivo especialmente por parte de las personas que tienen más probabilidades de infección (niños en edad escolar, personas mayores, personas con el sistema defensivo debilitado, o personas que están en contacto con enfermos)..

El uso de complementos de equinácea favorece la curación de problemas de la garganta (faringitis, anginas, etc.) , reduciendo el pus, eliminado los microorganismo y aliviando la sensación de ardor o picor.( 1000 mg al día de suplemento de equinácea repartidos en 5 tomas diarias)

Se ha comprobado como los herpes se aprovechan de un organismo con pocas defensas para rebrotar. El uso de la equinácea puede fortalecer las defensas y retrasar la aparición de los brotes de herpes labial, de herpes genital o de herpes zoster. Tomada en forma de suplementos junto con el sello de oro (Hydrastis canadensis) ayudará a aumentar las defensas, curar las heridas y protegerlas de la infección.

Su capacidad de antibiótico natural puede ser utilizado como solución o complemento a los antibióticos convencionales en el tratamiento de las infecciones microbianas vaginales o aquellas que están. Existen algunos estudios clínicos que demuestran que la Echinacea puede aumentar la efectividad de las cremas antimicóticas estándares en el tratamiento de las infecciones recurrentes vaginales por levaduras, particularmente por Cándida albicans.

El poder antibiótico de la equinácea resulta adecuado para el tratamiento de los orzuelos, que se producen generalmente cuando una bacteria penetra en el folículo piloso de una pestaña.

dimecres, 17 d’agost del 2011

En Ge i en Xe

En Xe i en Ge eren dos germans fills de la mateixa mare encara que, qualsevol que no ho sabés, no pensés mai que poguéssin ser germans.

Eren totalment diferents, tan físicament com de caràcter.

En Ge era tranquil, gens atrevit, molt serio, molt responsable i una mica insegur.

En Xe era tot el contrari. Era molt nerviós, molt mogut, i de vegades massa atrevit. Li agradava tot allò que ell pogués pensar que podia ser una aventura i no pensava amb les conseqüències que, pel fet de ser una criatura, podien afectar la seva seguretat.

Pel fet d’haver nascut en poc més d’un any de diferència, cap dels dos podia recordar des de quant es coneixien, ja que els records eren per tots dos els mateixos.

Des de molt petits, tots dos varen demostrar molt clarament les diferències dels seus caràcters. Am en Ge li agradaven els jocs tranquils però, sobretot, el que més li agradava era jugar sol i que ningú li toqués les seves coses. Això molt poques vegades era possible, sobretot quan el seu germà Xe estava a prop seu, cosa que feia que molt sovint acabessin barallant-se com gat i gos.

Una de les coses que sempre varen deixar molt clara en tot moment tots dos va ser la seva gran imaginació.

Com una vegada en que en Xe estava jugant a retallar papers i, sense que sa mare se n’adonés, va tallar els tirants dels pantalons del seu germà i, quan la seva mare li va demanar explicacions de per què els havia tallat, ell amb una seguretat impressionant li digué “no he sigut jo, mare, ha sigut el periquito que ha sortit de la gàbia, ha agafat les estisores i ha tallat els tirants dels pantalons”. La resposta va deixar a la seva mare tan sorpresa, que no va poder dir res ja que va haver de girar-se d’esquena perquè en Xe no la veiés riure.

Però en Ge no es quedava gens enrere amb aquestes coses i ho va deixar molt clar una vegada en que la seva mare li va posar mongetes per menjar. He de dir que a en Ge no li agradaven gens les mongetes. Però, com que ell segurament ja n’estava fart de dir-li a la seva mare que no volia mongetes i que a pesar de les seves queixes la seva mare seguís posant-li mongetes per menjar, un dia després d’haver-ne menjat dues cullerades li digué a sa mare que tenia molt mal de panxa i que es trobava malament. La seva mare, com ell ja s’havia imaginat, li va dir que no en mengés més, que li faria una mica d’arròs bullit i segur que ja se li passaria. Des d’aleshores, cada vegada que hi havia mongetes per dinar, ell deia que no en volia perquè les mongetes li feien agafar la grip.

Els anys varen anar passant i, com era de preveure, les diferències entre els dos germans varen seguir, sense gaires canvis en el seu caràcter.

En Ge va seguir amb el seu posat seriós i segueix agradant-li estar tranquil i que ningú es fiqui amb les seves coses i guardant-se per si mateix les seves penes i alegries.

En Xe és un intrèpid aventurer, segueix agradant-li tot allò que comporti risc, i no crec que tingui por de res. I, com sempre, segueix tenint molta imaginació.

Però amb una cosa sí que són iguals tots dos: són persones molt independents.

dimarts, 9 d’agost del 2011

Condimentos, especias y hierbas aromáticas (I)














Son estimulantes del apetito ya que, al aumentar el sabor y el aroma de los alimentos, incitan a comer más. Aumentan las secreciones digestivas y reducen las flatulencias, ya que muchas hierbas aromáticas contienen esencias de acción carminativa, que ayudan a disminuir los gases intestinales. Pueden sustituir a la sal, lo que es muy positivo para los hipertensos. Además, favorecen la conservación de los alimentos.

El ajo, la cebolla y otros condimentos aliáceos son de digestibilidad difícil, sobretodo cuando se emplean crudos o rehogados en aceite. Cocidos resultan más suaves, de ahí que se pueda utilizar cebolla o puerro como aromatizante en los caldos. El sabor picante del ajo reemplaza al de las especias, es antiséptico y diurético. La cebolla, si se emplea cruda para ensaladas, debe dejarse en remojo en agua fría para que no resulte demasiado fuerte, para las ensaladas se recomienda usar la cebolleta más dulce y suave o la chalota. Pero son plantas ricas en vitaminas A y C y en calcio, hierro y manganeso.

Especias

Son muy sabrosas, pero su uso no es aconsejable para personas con el estomago delicado

Las mezclas de diferentes especias dan lugar a otro tipo de condimentos, tales como:

Curry: salsa picante que contiene pimienta, jengibre, clavo, nuez moscada, cúrcuma y hasta 14 ingredientes más. El curry comercial lleva sal por lo que no debe emplearse en dietas bajas en sodio.

Mostaza preparada: se elabora con semillas de mostaza trituradas, vinagre, sal, y cúrcuma o azafrán.

Kétchup: mezcla de tomate, vinagre, azúcar, y especias.

Salsa tabasco: mezcla de chiles, vinagre y especias. Muy picante.

Salsa worcestershire: con melaza de caña de azúcar y especias picantes. Se usa para aromatizar hamburguesas y otras carnes.

Del resultado de la desecación de ciertos vegetales encontramos:

El ajo en polvo

El apio en polvo

La cebolla seca

El pimentón

El tomate secado y en polvo

Claves para el uso de las especias en la cocina

Usa pequeñas cantidades, de esa forma puedes añadir más si es necesario. Recuerda que en la cocina siempre puedes añadir más pero no sacar. En general, las especias, sobre todo las secas, se usan en porciones pequeñas ya que su sabor es muy fuerte.

Conservación

Si consigues las especias frescas, debes lavarlas bien en agua fría y secarlas para que duren más. Envuélvelas en papel de cocina, mételas en una bolsa de plástico con cierre hermético y ponlas en el frigorífico.

Hierbas aromáticas

Algunas de ellas son:

Albahaca: tiene un sabor suave y dulce. Es muy común en la cocina italiana, para la confección de salsa de tomate y pizzas. Se usa también para acompañar carnes, huevos y quesos.

Azafrán: una especia característica de la cocina mediterránea. Se usa para dar un color amarillento a los arroces, guisos y salsas. Su aroma es fuerte pero su sabor es suave.

Anís: esta semilla tiene un sabor dulce pero muy fuerte. Es parecido al regaliz. Se usa para preparar tartas, rosquillas, estofados y pescados

Canela: puede conseguirse en polvo o en palitos. Es un condimento dulce con fuerte sabor que se usa mayormente en la confección de postres. Pero se puede añadir a recetas de carne, arroces, o ensaladas.

Cebollines: tienen un olor similar a la cebolla, pero el sabor es más suave. Combinan muy bien en platos de pescado, cerdo y ternera.

Curry: ingrediente indispensable en la cocina india y árabe. Se usa mayormente en la elaboración del pollo, el cuscús, etc.

Eneldo: es una hierba aromática que se usa para realzar el sabor de ensaladas frescas, pescados, legumbres, etc. Es sabroso con salmón ahumado.

Laurel: sus hojas se consiguen frescas o secas. Las secas tienen el sabor más concentrado, así que modera su uso. Se usa para condimentar salsas, carnes, estofados y caldos.

Menta: esta hierba tiene un sabor refrescante. Se usa mayormente en la preparación de postres y bebidas, pero también es ideal para condimentar el cordero.

Nuez moscada: se recomienda la moderación en el uso de esta especia ya que su sabor es muy fuerte. Es muy común en la salsa bechamel y en las croquetas, pero también es ideal a la hora de cocinar vegetales verde oscuro como la espinaca y el brécol.

Orégano: tiene un sabor fuerte, pero no picante. Es excelente en salsas, pizzas, legumbres, carnes y guisos. Al contrario de la mayoría de las especias, fresco tiene el sabor más fuerte que seco.

Perejil: Se usa tanto para decorar platos como para aromatizarlos. Su sabor limpio combina muy bien en estofados, salsas y sopas.

Romero: es muy bueno para condimentar pollo y salmón pero hay que tener cuidado porque si se usa en exceso puede darle un toque áspero a los platos.

Conservación

Las hierbas secas las debes conservar en envases con cierre hermético, preferentemente de cristal. Guárdalas en un lugar seco, oscuro y fresco.

Historia y uso de las hierbas aromáticas



El uso de las hierbas aromáticas tiene sus orígenes en lo más remoto de la historia.


Las hierbas aromáticas son aromatizantes naturales utilizados en cocina e industria alimentaria para conservar o realzar el sabor de platos, bebidas, etc.

Las partes útiles de las hierbas aromáticas suelen ser las hojas fragantes. Tanto en la cocina como en la medicina natural, sus cualidades han sido destacadas. Lo ideal es hacer uso de ellas cuando están frescas, por lo que son muchas las personas que reservan un rincón en su jardín o en un tiesto en una ventana para cultivar alguna de ellas. En multitud de platos se ve el apéndice a las finas hierbas.

De acuerdo con la historia, podemos darnos cuenta que las hierbas aromáticas han evolucionado según el conocimiento que el hombre ha adquirido de estas y, asimismo, les ha dado un uso tanto a nivel gastronómico como a nivel medicinal.


Por otra parte, es importante recordar que antes que el hombre conociera el fuego y el reino animal, su subsistencia dependía en gran parte de las hierbas y los frutos. El ser humano ha aprovechado sus olores, sabores y propiedades curativas. Los hombres del Neolítico, ya las usaban para dar sabor a los platos basados en cereales y posteriormente para conservar la carne y el pescado. Podemos decir que muchas de las hierbas han sido utilizadas desde hace más de 8.000 años a. c. No obstante, cada hierba tiene su propio periodo de descubrimiento, por ejemplo: el chile en México se descubrió hace unos 7.000 años a.c. Hay un papiro egipcio datado hacia el año 2.000 a.c. en que se cita el uso de las hierbas. Este es el documento más antiguo conocido que las menciona.


Todas las civilizaciones aprovecharon los beneficios de sus características. Se usaron en India, China, Grecia, etc. Los romanos las llevaron a sus colonias. En la edad Media se cultivaron en monasterios y, con el tiempo, pasaron a la población.

dimarts, 2 d’agost del 2011

Historia y uso de las especias


Desde que comenzaron a usar las especias, estas fueron uno de los productos más caros y valiosos de la economía, tanto de cada individuo como de sociedades, ya que desde antiguo han tenido un gran valor como condimento, para medicinas o perfumes.


Las especias, o especies como se dice frecuentemente en algunos lugares, son el milagro de la cocina.


Las especias provienen de las cortezas, frutos, semillas, estigmas florales, rizomas, tallos o raíces de plantas.


Las especias se pueden catalogar en diferentes grupos. Están las especias cálidas, las cítricas, las anisadas. Cabe hacer una pequeña anotación para las especias cítricas y las anisadas: aunque se comercializan secas, sus propiedades son muy superiores cuando se utilizan frescas.


Romanos y griegos


Las fuentes para estudiar el uso de las especias eran unos libros pequeños en que los autores anotaban todas las observaciones que consideraban útiles sobre las distintas plantas. El primero de ellos es "El Dioscórides" cuyo nombre real es "De Materia Médica" cuyo autor es Dioscórides, en el siglo 1º.



Otro gran pueblo mediterráneo que destacó en el uso de las especias fue el árabe.


La Edad Media


Tras la conquista de Alejandría por el Islam, en el año 641 comenzó el declive del uso de especias en el mundo cristiano.

Apertura de nuevas rutas en la Edad Moderna


Tras la caída de Constantinopla en manos de los turcos y debido a la importancia económica de las especias en toda Europa, los países con mayor desarrollo en navegación (Castilla, Aragón y Portugal) se lanzaron a una frenética carrera para encontrar una ruta que evitase el paso por el mar Mediterráneo, infectado de piratas y bajo el control turco.

Debido a la llegada de Lisboa como proveedor de especias, alrededor de 1506 Lisboa quedó establecida como la capital en Europa del comercio internacional de especias.


Llegada de Cristóbal Colón al nuevo mundo


El hecho más importante acontecido en la búsqueda de nuevas rutas, fue sin duda el descubrimiento de América. El 12 de octubre de 1492 se avisó tierra, llegando a la isla llamada Guanahaní por los indígenas, siendo bautizada como San Salvador. Este descubrimiento trajo consigo un monopolio del comercio atlántico por parte de España. Además introdujo varias especias de origen americano, la más popular fue la pimienta de Jamaica o pimienta inglesa de la que en 1519 se consumían, en Europa, cantidades ingentes. Con la conquista de México por parte de Hernán Cortes, se logró otra de las grandes especias, la vainilla. Las especias fueron uno de los principales productos de comercio con el Nuevo Mundo.


Los marinos españoles y portugueses habían establecido prósperas colonias en las islas del Indico, y muy especialmente en aquellas que tenían bosques de canela, como Ceilán y Goa.

Muchas de las especias venían de Oriente en caravanas que, cruzando Asia, llegaban a Europa. A lo largo de la Edad Moderna, su consumo se fue convirtiendo en algo habitual por toda Europa. En épocas anteriores, quizás por influencia árabe, el uso de las especias fue en los postres; así se sabe que en el siglo XVI las natillas se consumían con canela y a los bizcochos se les añadía azafrán o clavo.


En la actualidad, las hierbas y especias más consumidas en el mundo son por este orden: pimienta, pimentón, chile (sobretodo en América), cardamomo, clavo, macis, casia, nuez moscada y canela (que ha perdido terreno ante la vainilla, una imitación sintética).


dijous, 13 de gener del 2011

La sirena y el niño


Innumerables son los habitantes de las aguas, especies animales y vegetales aún desconocidas, y lo mismo ocurre con seres feéricos y legendarios. Las sirenas son, entre ellos, los más conocidos. Les siguen en popularidad las ondinas y las ninfas.

Las sirenas tenían una voz de inmensa dulzura y prodigaban sus cantos cada vez que se acercaba un barco por lo que los marineros, encantados por su voz, se arrojaban al mar para oírlas mejor, por lo que acababan muriendo ahogados.

Pero si un hombre era capaz de oírlas sin sentirse atraído por su voz, la sirena debía morir.

Eso fue lo que contó después de una de sus innumerables aventuras el héroe Odiseo, más conocido como ULISES.

Ángel era un niño como cualquier otro niño. Siempre iba a la escuela y jugaba con otros niños de su clase en el patio de la escuela. Sólo en una cosa era distinto a los demás niños y esa cosa era su desmesurada admiración por todo lo referente al mar y a todo cuanto tuviese que ver con él.

Al principio a su madre le preocupaba mucho que Ángel se pasase tanto tiempo en las rocas observando las olas. Algunas veces le había oído hablar solo, como si estuviese hablando con alguien que estuviese dentro del agua. Y, cuando su madre le preguntaba con quien hablaba, él siempre le respondía lo mismo: “Estoy hablando con mi amiga Cimodaré mamá”. A su madre esa respuesta le empezaba a preocupar mucho.

Así que un día la madre de Ángel decidió hablar de ello con su esposo. El padre del niño le dijo a su mujer que no se preocupara, que a muchos niños les gustaba inventarse amigos imaginarios, que cuando se hiciera mayor seguro que se le pasaría y su amiga imaginaria se esfumaría de su mente.

Sin querer, aquella conversación entre su madre y su padre fue escuchada por Ángel que, desde luego, no compartió en absoluto la opinión de sus padres ya que sabía que Cimodaré no era ninguna amiga imaginaria. Pero, desde aquel día, procuró que ni sus padres ni nadie le viera hablando con su amiga.

Y si alguna vez su madre le preguntaba si seguía hablando con su amiga Cimodaré, él le respondía como si no supiera de lo que le estaba hablando: “No sé de qué me hablas, mamá”.

El tiempo iba pasando y la amistad con su amiga Cimodaré iba en aumento.

Un día en que estaba hablando con ella desde unas rocas cercanas al mar, Ángel preguntó a su amiga : “¿Por qué nunca sales del agua cuando hablamos?”

“Porque nosotras tenemos prohibido hablar con los seres humanos y mucho más que nos vean con ellos” dijo Cimodaré a su amigo Ángel.

“Pues nosotros hace ya mucho tiempo que hablamos” le respondió.

“Sí, y espero que no me pillen porque de ser así lo voy a pasar mal” le respondió Cimodaré.

“Vamos, nosotros somos amigos. No hacemos nada malo, sólo hablamos. Aunque yo también tengo que tener cuidado para hablar contigo” dijo Ángel a su amiga.

“¿Por qué?” Le preguntó .

“Porque, si me ven hablando sin ver nadie a mi alrededor, se piensan que estoy hablando solo y dicen que los que hablan solos están locos. Así que cuando hablo contigo tengo que tener mucho cuidado de que no me vea nadie. Y tú ¿por qué no puedes hablar conmigo y por qué nunca puedo verte cuando hablamos?”

“Después de tanto tiempo hablando con migo, supongo que ya te habrás hecho una idea de quien soy, ¿o no?” le pregunto

“Bueno, verás, no estoy del todo seguro, pero yo creo que debes ser un duende o un ser extraterrestre. Pero a mí no me importa el aspecto que puedas tener, yo me lo paso muy bien hablando contigo” dijo Ángel.

“La verdad, Ángel, me entran ganas de reír al oírte hablar de que yo puedo ser un extraterrestre, ¡ji, ji, ji!” se rió Cimodaré. “Había oído decir que los niños humanos teníais mucha imaginación pero lo de extraterrestre ha superado mis perspectivas de tu imaginación”.

“Vamos, no te rías tanto y dime quién o qué eres o, mejor aún, sal del agua y déjame verte ya de una vez” dijo Ángel.

“Ya te he dicho que no puedo salir del agua cuando haya alguien que pueda verme.”

“¡Bien, pues dime quién eres por lo menos!” dijo Ángel.

“¿Tú nunca has oído hablar de las sirenas?”

“Pues claro que sí. Dicen que son seres mitológicos que viven en el mar. ¡Eres tú una sirena!” le dijo Ángel un poco incrédulo.

“Sí, lo soy” respondió Cimodaré.

“¡Dicen que sois muy bellas! Por favor, déjame que te vea…”

“Ya te he dicho que tenemos prohibido salir del agua si hay alguien que pueda vernos” dijo con voz decidida.

“Bueno, si tu no sales, entraré yo” dijo Ángel. Y, sin darle tiempo a Cimodaré a reaccionar, se echó al agua.

La sirena, al ver que su amigo se había echado de golpe al agua, se apartó deprisa de su lado nadando hacia el interior.

Ángel, al ver que su amiga se alejaba, empezó a nadar muy deprisa para poder alcanzarla. Pero de pronto empezó a hundirse y agitar sus brazos y hacer ruidos con su garganta.

Cimodaré se volvió y, al ver a su amigo que se estaba ahogando, nadó a toda velocidad hacia su amigo, le cogió en sus brazos y le sacó hacia la superficie del agua. Una vez en la superficie, miró a su alrededor y vio, no muy lejos del lugar donde estaban, unas rocas en medio del mar. Sin pensarlo dos veces, llevó a su amigo hacia las rocas. Una vez allí, le puso boca abajo y le golpeó la espalda hasta que Ángel empezó a toser y a echar agua por la boca. Poco a poco se fue recuperando.

Al recuperarse, Ángel miró a su amiga diciéndole al mismo tiempo que le sonreía: “Me has salvado de morir ahogado y estamos juntos y podemos hablar viéndonos el uno al otro. ¡Esto es muy guay!”

“Sí, pero tengo mucho miedo de que se enteren y me encierren en la cueva durante mucho tiempo” dijo Cimodaré.

A lo que Ángel respondió: “No pueden castigarte, me has salvado, no creo que te vayan a castigar por eso.”

“No lo sé” respondió “pero será mejor que me marche.”

“Bueno. Pero, antes de marcharte, dime ¿por qué te llamas Cimodaré? A my me parece un nombre un poco raro, ¿no crees?”

“Entre las sirenas no es ningún nombre raro como tú dices. Cimodaré es el nombre de la diosa de la calma y es un todo un honor para cualquier sirena llevar su nombre. Bueno, debo marcharme ya.”

“¡Espera! Mañana nos volveremos a ver, ¿verdad?” dijo Ángel a su amiga.

“¡No lo sé!” dijo Cimodaré.

Yo te estaré esperando como siempre” dijo Ángel mientras le decía adiós con su mano.
...

dilluns, 10 de gener del 2011

La hormiga y el lobo

Era un día de verano de un sofocante y fuerte calor, como suele ser normal en los días del mes de agosto. Y, aunque el sol de la mañana hacía poco que acababa de salir en el horizonte, solo se podía estar a fresco a la sombra, al lado de un riachuelo de aguas frescas y cristalinas.

Así se hallaba medio adormecido un grande y voraz lobo después de haberse comido para desayunar a un conejo que había encontrado medio despistado desayunando unas deliciosas y tiernas hierbas. El lobo no tardó casi nada en cazarlo.

De pronto, el lobo abrió sus enormes ojos y fijó su mirada en una pequeña hormiga que arrastraba con mucho esfuerzo y toda sudorosa un grande y esplendoroso grano de maíz. “¿Qué haces?” le dijo el lobo a la sudorosa hormiga. A lo que la hormiga contestó: “Estoy llevando este hermoso grano de maíz a mi refugio.” “Ho, ho, ho.“ rió el lobo con su aguda voz “Tú debes estar loca cargando ahora con este calor ese grano de maíz.” “No estoy loca.” contestó molesta la hormiga “Lo he encontrado cuando he salido a pasear y no se puede desperdiciar la ocasión de poder tener una comida tan deliciosa para el invierno.”

El lobo respondió: “¿Ves como sí que estás loca? ¿A quién se le ocurre cargar con algo que cuesta tanto esfuerzo y con este calor en pleno mes de agosto, cuando aún falta tanto tiempo para el invierno? ¡Ho, ho, ho!” Volvió a reír el lobo, a la vez que le decía: ¡Debes tener un cerebro cien veces más pequeño que tú para hacer una cosa así!

Esta vez la hormiga dejó el grano de maíz en el suelo y miró al lobo con cara de estar muy molesta y enfadada a la vez que levantaba su pequeña cabeza con un claro gesto de enfado y le contestó desafiante: “Te he dicho ya una vez que no estoy loca. Y, aunque sea más pequeña que tú, me parece que tengo más cerebro que tu. Ya me dirás que harías tú si te encontraras con un ciervo grande y suculento, ¿acaso no te lo guardarías para cuando tuvieses hambre?” le preguntó la hormiga al lobo.

“¡Desde luego que no!” le contestó el lobo “Yo no necesito guardar comida, yo soy grande y fuerte y en el bosque siempre hay comida para mí, solo tengo que salir a cazar cuando tengo hambre.”

“¿Y qué haces en invierno cuando hace frío y nieva si no tienes comida guardada? ¿Qué haces entonces, dime?” le preguntó la hormiga al lobo.

“Eso no es ningún problema para mí. Siempre hay comida aunque sea invierno y haga frío para los animales grandes y fuertes como yo. El invierno no es ningún problema.” dijo el lobo con arrogancia y mirando con cierto menosprecio a la pequeña hormiga.

“¿Y a eso le llamas ser listo?” le replicó la hormiga “¿Tener que salir fuera de tu guarida con frío y nieve? Ya me perdonarás por lo que te voy a decir, pero me parece a mí que tú eres muy grande pero tienes el cerebro muy pequeño.”

Y, sin esperar contestación, la hormiga volvió a cargar con su grano de maíz y emprendió de nuevo la marcha hacia su hormiguero dejando al lobo pensativo por lo que la hormiga le acababa de decir.

El tiempo fue pasando. De cuando en cuando, el lobo veía a la hormiga ir y venir.

Alguna vez la veía sola y era entonces cuando aprovechaba para hablar con ella. Con el tiempo llegaron a ser casi amigos. Aunque muchas veces, cuando hablaban de alguna cosa, nunca se ponían de acuerdo.

Muchas otras veces la solía ver yendo junto a un gran grupo de hormigas, las cuales parecían comportarse como si fueran un ejército ya que cada una de las hormigas parecía seguir unas normas y una forma de actuar que parecía que ya estuviesen establecidas de antemano.

El lobo se pasaba largos ratos mirando a las hormigas. La verdad era que no entendía su forma de actuar. Pero le fascinaban las hormigas. Sobretodo lo que más le sorprendía era lo trabajadoras que eran.

Un día en que el lobo estaba como de costumbre echado en el mismo sitio de siempre, vió a la hormiga que esta vez iba sola y le dijo “Hola hormiguita, ¿como es que hoy vas sola?” “Es que a mí me gusta salir sola algunas veces para ver si encuentro algún lugar donde haya comida para después decírselo a mis compañeras y así ir todas juntas a recogerlo.” le respondió la hormiga.

“Quisiera preguntarte algo, si no te molesta.” le dijo el lobo a la hormiga.

“Desde luego. Pregunta lo que quieras.” dijo la hormiga.

“Verás, es que hace tiempo que os veo a ti y tus compañeras y me pregunto ¿por qué vais siempre tantas y siempre tan ordenadamente? A mí, la verdad, me parecéis un ejército haciendo maniobras. ¿Podrías explicarme por qué actuáis de esa forma tan rara?”

“No actuamos de forma rara. Es que tenemos que hacerlo de esa forma.”

“¿Por qué?” preguntó de nuevo el lobo a la hormiga.

“Eres duro de molleja, ¿eh, amigo?” dijo la hormiga al lobo “¿Es que no te das cuenta de que somos muchas y si no tuviésemos orden todo se convertiría en un auténtico caos?”

“¿Y por qué vais siempre tantas?” volvió a preguntar el lobo.

“Es porque las hormigas vivimos siempre en grandes grupos.”

“¿Por qué?” volvió a preguntar el lobo.

“Pues porque a una hormiga sola le sería muy difícil sobrevivir. Es por eso que siempre vamos en grandes grupos.”

Y la hormiga le siguió explicando al lobo “Verás, te cuento: Las hormigas vivimos todas juntas en un hormiguero. Salimos a buscar comida juntas, trabajamos en equipo guardando comida para el invierno en una despensa que tenemos en nuestro hormiguero y que nosotras hemos construido. Y además siempre cuidamos unas de las otras como si fuésemos una familia ya que a una hormiga sola le sería muy difícil sobrevivir mucho tiempo. Pero actuando en equipo no solo nos protegemos unas a las otras, también protegemos la supervivencia de nuestra especie. Y siempre anteponemos la seguridad y continuidad de nuestra especie a nuestra propia seguridad. ¿Comprendes ahora por qué actuamos como lo hacemos?” le dijo la hormiga al lobo que la miraba con cara de admiración.

“Sí que lo entiendo y, desde ahora que sé y comprendo vuestra forma de ser, prometo teneros más respeto.” dijo el lobo a la pequeña hormiga.

La hormiga miró al lobo y, por primera vez desde que se conocieron, le miró y le sonrió porque desde ese momento por fin sí que se convertirían en buenos amigos.

dimecres, 5 de gener del 2011

Remedios de nuestros antepasados

Desde tiempos muy remotos, desde tiempos de la prehistoria, mucho antes que Alexander Fleming en el St Mary´s Hospital de Londres en 1929 descubriera la penicilina, los humanos empezaron a utilizar hierbas medicinales como remedio para curar sus dolencias.

Al principio las empezaron a utilizar las llamadas popularmente por la gente de la época como curanderas. Pero muy pronto se convirtieron, más por necesidad que por ninguna otra razón, en el remedio para curar toda clase de dolencias. Y esa costumbre perduró durante muchos años, aunque durante unos años (debía ser por la década de los 80) pareciese que en muchos lugares se estaba perdiendo esa costumbre.

Ahora, cuando la medicina moderna parece estar en todo su apogeo y cada día más se están invirtiendo grandes fortunas en nuevos fármacos que parece que en el futuro podrían solucionar todos los problemas de salud que puedan surgir, la llamada medicina natural vuelve a tener muchos adeptos.

Muchas personas conocen y utilizan algunos remedios para curar algunas de las dolencias más comunes que suelen afectar a la mayoría de los seres humanos.

Algunos de ellos son muy conocidos y comunes, como por ejemplo los siguientes:

- El tomillo tiene poderes antioxidantes y desinfectantes.

- La hierba llamada María Luisa es buena para el dolor de vientre.

- La albahaca es para los riñones.

- Las hojas de col son un buen remedio para las úlceras de las piernas.

- La lechuga cocida adelgaza.

- El hinojo es un buen remedio para hacer la digestión.

- El perejil hervido abre el apetito.

- El romero para el hígado y el reuma.

- Las semillas de calabaza para parásitos intestinales.

- La cebolla es diurética y también sirve para curar heridas.

- El anís y el comino son buenos para los gases.

- La ruda es abortiva.

- El laurel para la bronquitis.

- El eucalipto para los resfriados.

- La raíz de granada para la gota.

- La camomila tiene muchas virtudes: es buena para la digestión, es tranquilizante y es buena para calmar la irritación de los ojos.

- La miel con limón y agua caliente para las irritaciones de garganta.

- La salvia para los nervios y la menstruación.

- El aloe vera sirve para curar, calmar quemaduras, cicatrizar heridas, además de ser un buen aliado para el cuidado de la piel. Hoy en día se puede encontrar en muchos productos y cosméticos para el cuidado diario de la piel.

- Un buen cosmético natural para la piel seca y madura consiste en usar una vez por semana una mascarilla natural que consiste en triturar con la ayuda de una trituradora eléctrica 3 cucharadas de un buen aceite de oliva lo más natural posible junto a 1 cucharada de zumo natural de limón y un buen puñado de hojas de perejil. Se debe triturar todo bien durante varios minutos hasta conseguir que esté todo bien mezclado. Luego guardar en un tarro de cristal previamente esterilizado en agua hirviendo. Y guardar el tarro bien cerrado después de cada uso en un lugar fresco.

- El romero se usa también para calmar los dolores de golpes y torceduras. La forma en que se suele utilizar para este fin es el alcohol de romero que se obtiene poniendo en una botella bastantes hojas de romero, añadiendo alcohol de 96 grados y dejando macerar durante 4 días a la sombra al aire libre.

- También se puede utilizar el romero siguiendo los mismos pasos pero en vez de alcohol poner aceite de oliva o de girasol y de esta forma es bueno para hacer masajes para el buen funcionamiento de la circulación sanguínea.

En la naturaleza no solo se encuentran buenos remedios en las hierbas medicinales. También se pueden encontrar cosas que son buenas para la salud en las frutas y las verduras, ya que en ellas al consumirlas podemos encontrar beneficios para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

- Como por ejemplo las infusiones que podemos tomar todos los días y que con su consumo estamos ayudando a nuestra buena salud. Como por ejemplo tomar a media mañana un té verde o blanco que, aparte de estar deliciosos, son diuréticos y antioxidantes. O tomar una infusión de manzanilla después de la comida la cual nos va a ayudar a digerir mejor los alimentos y a estar más relajados y por tanto dormir mejor.

- Otra de las buenas costumbres que deberíamos adquirir es la de comer más fruta ya que, aparte de que consumiremos las vitaminas que nuestro cuerpo necesita, podemos tomar aquellas que nos pueden ir mejor en cada ocasión. Como por ejemplo comer como postre después de una gran comilona una buena ración de piña natural que, aparte de ayudarnos a hacer mejor la digestión, como es diurética nos va a ir bien para depurar nuestro organismo. O tomar cítricos como la naranja, la mandarina y todas aquellas frutas ricas en vitamina C que nos van a ayudar a prevenir resfriados, y no nos olvidemos del rico plátano que nos aporta potasio.

- Una buena y rica receta esta vez para los calurosos días de verano en que el calor nos invita a tomar bebidas refrescantes es poner en una jarra agua con el zumo de 1 o 2 limones y unas cuantas hojas de menta fresca y, si nos gusta algo dulce, añadirle unas cucharadas de azúcar de caña, removerlo todo y ponerlo en el frigorífico. Ya podemos consumir una bebida sana, refrescante, y deliciosa.

divendres, 10 de desembre del 2010

S’estan perdent els bons comportaments?

Potser algú encara recorda quan es podia confiar amb la paraula de les persones. Eren uns altres temps, en que la paraula de les persones tenia molta importància i es considerava quasi sagrada ja que, quan algú donava la seva paraula, era com si s’hagués firmat un document davant un notari. Ningú gosava trencar la seva paraula ja que, si algú gosava fer-ho, això hagués suposat no ser gens honrat i a partir d’aleshores mai més ningú hagués confiat en aquella persona. Era per això que, quan es donava la paraula per alguna cosa, no calien papers, només calia donar-se la mà i el pacte quedava tancat i segellat.

Ara ningú es pot refiar del que li pugui dir un altre. A vegades ni et pots refiar del que està escrit en un document ja que, molt sovint, molts documents tenen una gran quantitat de lletra petita que només serveix per beneficiar als que han escrit els documents. La majoria de les persones, moltes vegades poc enteses en aquestes coses i d’altres moltes vegades massa confiades en les boniques però falses paraules d’aquells que són considerats professionals en aquestes qüestions, si volen tenir la seguretat de que tot sigui correcte i que en un futur no els portarà cap problema, sovint han de pagar de la seva butxaca a algun professional que no tingui res a veure amb l’assumpte per poder tenir les mínimes garanties de que tot sigui el més correcte i legal possible.

Tot això fa que les persones més vulnerables a ser víctimes de qualsevol engany siguin les persones de bona fe i les que tenen menys recursos pel fet de no tenir suficients diners per poder pagar els serveis d’un professional que els pugui assessorar com cal. I tot això passa ara en aquests temps perquè, per desgràcia, l’honradesa de les persones es mesura pel seu nivell econòmic o per les influències que puguin tenir, deixant de banda la professionalitat i les bones maneres de fer les coses, i pensant sempre per sobre l’honradesa i pensant sempre en el nostre propi interès.

Quina és la solució, jo no ho sé. Però tots plegats, amb aquest comportament, és ben segur que no anem gens bé i que al final acabarem fent-nos mal a nosaltres mateixos.
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dilluns, 18 d’octubre del 2010

Otoño


¡Qué vellos son los días de lluvia en otoño! Cuando el sofocante calor ha pasado y el cielo se llena de nubes blancas y grises anunciando la eminente y deseada lluvia que refrescará el ambiente y llenará los hoyos del suelo de charcos de agua dónde los pájaros calmaran su sed y los niños chapotearan en su agua jugando y mojando sus zapatillas y los bordes de sus pantalones y de sus faldas disfrutando de ese modo de ese don tan apreciado como es la lluvia.

Y las gotas de agua de la lluvia quedaran prendidas en las hojas ya casi amarillentas de los chopos brillando con sus reflejos cuando la lluvia amanse y salga el sol entre las nubes que parecen huir porque así se lo piden los relucientes rayos de sol que parecen abrirse camino entre la tan deseada lluvia para hacer así brillar sus gotas de agua.

Entonces yo sueño despierta pensando en los lejanos bosques que tanto he querido. Y parece como si mis ojos pudiesen ver, aunque yo sé que sólo se trata de mis recuerdos, los árboles con su gran colorido y el suelo lleno de yerba verde todavía mojada gracias a la lluvia. Ese suelo casi cubierto por las hojas que tan generosamente los grandes árboles parecen depositar con mucho cuidado encima para que mis ojos puedan ver la tan grandiosa belleza del otoño.

Y, todavía siguiendo el hilo de mis pensamientos, puedo ver las bayas rojas de algunos arbustos y los frutos de las sabrosas zarzas, las tan deliciosas moras con su intenso color negro que parecen invitarme a saborear su delicioso sabor dulzón. Y, mirando a través de mi pensamiento, busco en el suelo entre la hierba y los matorrales el color amarillento de los robellones bien escondidos para que de esa forma se les aprecie más cuando se les vea.

Doy gracias por poder recordar, ya que de esa forma nunca estaré lejos de todo aquello que tanto quiero.
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dimecres, 13 d’octubre del 2010

La independència, el gran tesor de les persones

La independència és el gran tresor de les persones tot i que, per desgràcia, mai li donem la importància que en realitat té fins que per alguna raó la perdem total o parcialment. El gran tesor dels sers humans és, sens dubte, la llibertat i la independència.

Quan no pots fer les coses que habitualment feies d’una manera que fins aleshores era una cosa totalment natural de fer sense l’ajuda d’altres persones, moltes persones (entre les que m’incloc jo mateixa) senten com si la vida els hagués pres una de les coses més importants que tenien i que, fins al moment en que la perden, mai no li havien donat importància. Pot ser que només necessitin ajuda per petites coses, o pot ser que necessitin ajuda per tot allò que és necessari fer cada dia per seguir vivint.

Sigui quina sigui la situació de cada persona, és quasi sempre difícil d’acceptar. Per molt fort que mentalment sigui.

Tot i que he de dir que els sers humans, quan les coses se’ns posen molt difícils, som capaços de treure forces i de lluitar amb tanta fortalesa que ni nosaltres mateixos podíem pensar que en teníem tanta dintre nostre.

També és ben cert que, quan trobes la manera de fer alguna cosa que fins aquell moment feia molt de temps que no podies fer per tu mateix, et sens molt orgullós de tu mateix. I això t’ajuda a recuperar la teva autoestima, a seguir lluitant dia a dia i a intentar anar descobrint noves maneres de poder fer les coses per tu mateix.

La meva dificultat consisteix en que, degut a una malaltia, vaig perdre el poder caminar més de 20 minuts sense sentir forts dolors a més d’haver d’anar agafada del braç d’una altra persona, quasi no puc utilitzar la mà esquerra, i contínuament he de fer un gran esforç físic i mental. Físic pel gran esforç que he de fer. I mental per l’angoixa que produeix el fet de veure’t diferent als altres, cosa que fa que deixis de voler anar a molts llocs i, per tant, de gaudir de moltes de les coses boniques que les persones sense problemes de mobilitat poden gaudi amb tota normalitat.

Sóc totalment conscient que moltes persones voldrien poder caminar encara que fos durant uns moments però, com se sol dir i amb tota la raó, el pitjor mal és el que sentim nosaltres i quasi sempre tenim tendència a creure que el nostre mal és el pitjor.

Però el que avui vull explicar és que he descobert que també nosaltres podem anar als llocs sense haver de passar-ho forçosament malament.

Segurament moltes persones ja ho saben. Però el cert és que jo ho he descobert ara i, com que em va sentir tan bé durant unes hores i des d’aleshores no puc deixar de pensar-hi, he decidit compartir-ho amb els altres explicant la meva experiència.

Fa pocs dies un dels meu fills em va dir que tenia una sorpresa per mi, que aniríem a un lloc on ens hi estaríem dos dies. Jo he de confessar que en aquell moment no em va fer gens de gràcia perquè vaig pensar que em tocaria patir com sempre i acabaria sense poder gaudir de totes les coses boniques degut al malestar físic que el caminar em provocaria.

Jo no tenia ni idea del lloc on anàvem. Així que, quan va arribar el moment, vaig pujar al cotxe i, endavant, a veure què era el que m’esperava. Després d’unes hores de viatge vam arribar a la nostra destinació.

Quan vaig veure que arribàvem a València, vaig veure que el lloc on anàvem era la Ciutat de les Arts i les Ciències de València i jo ja vaig començar a patir perquè sabia que era un lloc on s’havia de caminar molt.

Després de deixar les bosses a l’habitació de l’hotel jo vaig preguntar al meu fill “ara, on anem?” i el meu fill em va contestar “a veure la Ciutat de les Arts i les Ciències però no et preocupis perquè no hauràs de caminar gaire, només uns 100 metres” Jo he de confessar que no me’l vaig creure perquè, quan vam passar per davant amb el cotxe, em va semblar un lloc immensament gran.

Però el cert és que així va ser. Quan havíem caminat quasi uns 100 metres, em va dir que m’esperés un moment asseguda en un bac que hi havia a l’ombra d’uns matolls florits. Després d’esperar durant uns minuts, el meu fill va tornar amb una cosa semblant a un dels motorets de quatre rodes que solen portar les persones que tenen alguna dificultat per moure’s, però una mica més petit. Després de pujar-hi i de que m’expliqués com funcionava, he de dir que era molt fàcil de portar, vam començar la que havia de ser una de les millors experiències que havia viscut en els últims 13 anys, que és el temps que fa que vaig patir la malaltia.

Vaig recórrer tot el recinte, que era immens. Vaig gaudir de tots els grans i petits detalls d’aquell increïble lloc, gaudint de poder recórrer un lloc tan gran sense haver de patir gens. I amb un somriure als llavis i, el més important, sentint-me durant unes hores independent i lliure que és, sense cap mena de dubte, un dels més grans dels tresors que es poden tenir al llarg de la vida.


Sóc conscient que estem en un moment en que les administracions, a l’igual que la majoria dels ciutadans, estan passant per un mal moment econòmic. Però també sabem tots que hi ha persones amb un gran poder econòmic: banquers, polítics, esportistes, i persones amb grans fortunes. Crec que, si aquestes persones dediquessin una petita i insignificant quantitat de les seves grans fortunes a ajudar a les empreses que poden oferir cultura i diversió perquè posessin a disposició de les persones amb problemes ajudes perquè aquestes poguessin gaudir de totes aquelles coses que només estan a l’abast de les persones físicament sanes, seríem moltes les persones que per uns moments tornaríem a sentir-nos independents i lliures i, segurament com em va passar a mi, tornaríem a somriure.

Perquè qui sap si algun dia, alguna d’aquestes persones que ara son tan afortunades en la salut i en la riquesa, també necessitaran ajuda per sentir-se independents i lliures i per tornar de nou a somriure.
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dijous, 30 de setembre del 2010

Som realment sers intel·ligents?

Des de fa segles, es diu que els sers humans som els sers intel•ligents del planeta Terra. Però ja em perdonareu si jo ho poso en dubte doncs, cada vegada més i sempre segons la meva manera de veure les coses, no veig per enlloc la verdadera intel•ligència del sers humans ja que cada vegada més demostrem ser menys intel•ligents i més autodestructius amb nosaltres mateixos i amb tot allò que ens envolta. Crec, sempre des del meu punt de vista, que massa sovint ens deixem emportar pel gran mal del nostre temps que és el consumisme deixant enrere el que de veritat és important que no és res més que el sentir-nos bé en nosaltres mateixos que, de fet, és el que realment ens fa feliços.

Per desgràcia, ja no ens sentim feliços amb les coses senzilles que ens dóna la vida. Per sentir-nos bé necessitem coses que ens van destruint de mica en mica, com les drogues o l’alcohol. Ja no en tenim prou en satisfer els nostres desitjos sexuals amb la persona que estimem, que són una cosa totalment natural, i els canviem per desitjos tan destructius com els abusos sexuals, per no parlar dels abusos a innocents infants.

Els nostres valors de les coses els mesurem més per l’interès econòmic, que és el que realment ens importa cada vegada més, i ens oblidem d’allò que realment podria fer-nos feliços i ens decantem més per allò que volem que pensin els altres de nosaltres que no pas pel que de veritat nosaltres desitgem.

Una de les moltes coses que em fan pensar així és, per exemple; quan una parella pensa en tenir fills. El primer que es plantegen és: aquest és el moment adequat? Perquè, és clar, estan pagant la hipoteca, canviant el cotxe, etc, i avui en dia tenir un fill costa molts diners i, a més, estaran molt lligats i no podran sortir lliurement com fins ara tot i que poden deixar el fill amb els avis.

Jo sé el que és tenir fills doncs he tingut la sort de tenir-ne tres i us puc dir que els fills es tenen perquè el nostre cos, per naturalesa, ho desitja i és una cosa natural que omple de satisfacció la nostra vida. Molt més que una casa nova, un cotxe, o qualsevol altra cosa.

És cert que s’ha de pensar bé això de tenir fills. Però alhora de pensar-s’ho no s’han de valorar tan les coses superficials que acabo d’anomenar sinó si el vostre cor i vosaltres ho desitgeu. És ben cert que tenir fills comporta molts sacrificis, sí, és ben cert. Però no us podeu ni imaginar les satisfaccions emocionals que podeu sentir al llarg de la vostra vida gràcies als fills. I, per suposat, sigueu vosaltres qui pugeu els vostres fills. No deixeu que siguin els altres els que vegin com somriuen per primera vegada o els que sentin les seves primeres paraules. Tingueu molt clar que de vegades us faran plorar de pena. Però moltes altres vegades us ompliran el cor de joia. L’únic que us ha d’importar és que el vostre fill, si desitgeu tenir-ne, tingui una bona qualitat de vida i deixeu de pensar tant en tenir un bon nivell de vida.

També vull deixar clar que aquesta és una decisió que ha de prendre cada persona per sí mateixa. Però, per favor, siguem intel•ligents. No penseu tan en les coses materials que mai perduren en el temps i deixeu-vos emportar pels sentiments naturals de la vida. D’aquesta manera sí que sereu sers intel•ligents.

Una altra de les coses que posen en dubte la nostra intel•ligència és la nostra manca de comunicació ja que cada cop ens tanquem més en nosaltres mateixos. Cada cop és més freqüent que al planeta Terra hi hagi més persones. Però, al mateix temps, les persones cada cop se senten més soles. Cada cop hi ha més suïcidis sense que aparentment hi hagi un motiu que els justifiqui. Algunes dones i alguns homes son maltractats física i psicològicament. Cada vegada hi ha més contaminació i cada vegada som tots plegats menys civilitzats.

Per favor, demostrem que realment som sers intel•ligents i fem tots plegats d’aquest món un món millor. Perquè sinó ens destruirem a nosaltres mateixos i a aquest planeta Terra que ens pertany a tots nosaltres sense distinció de sexes ni de races.
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dilluns, 13 de setembre del 2010

En Pip i en Pop

En Pip i en Pop eren dos peixos d’aigua dolça. En Pip era uns dies més gran que el seu amic Pop. Però també era més trapella i més atrevit i li agradava molt anar sempre a la recerca de noves experiències i d’aventures. Això feia que molt sovint es fiqués en problemes i que quasi sempre hagués d’anar en Pop a ajudar-lo a sortir-ne ja que en Pop era molt més assenyat. Però no per això deixaven mai de ser molt bons amics ja que en el fons a en Pop li agradaven les aventures en que solia ficar-lo el seu intrèpid amic doncs segur que ell no s’atreviria mai per sí mateix a fer les coses que feia amb en Pip.

Un dia en que tots dos estaven avorrits de jugar a veure qui era el que aguantava més estona nedant a contracorrent, en Pip li va proposar al seu amic que anessin al lloc anomenat per tots els peixos “el lloc de les trampes dels sers estranys”. En Pop de seguida li va dir que no, doncs en aquell lloc estava prohibit acostar-s’hi. Els seus pares sempre li havien dit que es tractava d’un lloc molt perillós on mai havia d’anar-hi.

En Pip, com sempre feia, li va replicar que com ho podien saber si ells no havien conegut mai cap peix que s’hi hagués acostat mai, que segur que aquestes històries se les havien inventat els seus pares perquè no s’allunyessin del lloc on estaven sempre tots que era sota les branques dels arbres que hi havia a les riberes del riu i que degut a la força del vent s’havien enfonsat sota les seves aigües servint així de casa a tots els peixos que ells coneixien.

En Pop li va dir que els seus pares li havien explicat que havien conegut peixos que de grans s’havien atrevit a anar-hi i que mai més n’havien tornat.

En Pip el va tornar a replica de nou: “Tu has conegut mai algun peix a qui li hagi passat això?”. “Doncs, no. Però, si els pares ho diuen, jo crec que potser deu ser veritat” va dir en Pop amb un posat tot seriós. “Potser... potser... sempre dius això quan no saps què dir!” va dir en Pip.

“Doncs tu mateix! Com que jo no sóc un caganer ploramiques com tu, jo me’n vaig a veure com és aquell lloc tan misterióssssss. Adéu!” va dir en Pip, al mateix temps que girava cua nedant a tota velocitat cap a fora de sota les branques en direcció al centre del riu.

“Espera’t!” va cridar en Pop. Però, al veure que el seu amic ni l’escoltava, va sortir a tota velocitat per poder posar-se al seu costat.

“Em sembla a mi que aquest cop t’has passat de la ratlla” va dir en Pop al seu amic. “Jo no t’he obligat a venir. Així que, si tu vols venir, neda i calla” va dir en Pip.

Quant van arribar al mig del riu, varen haver de nedar molt fort doncs la corrent era cada vegada més forta. Quant per fi varen ser a l’altra banda, estaven tots dos quasi esgotats per l’esforç que havien hagut de fer. Aleshores en Pip va dir al seu amic: “Veus com no passa res? Tot és normal!” I en Pop va dir: “Sí, però jo ja no podia més quan estàvem al mig del riu” Fent-se el valent com sempre, el seu amic va respondre: “Calla ploramiques! Doncs a mi no m’ha costat gens travessar-lo”

De sobte van veure una cosa blanca sobre seu. “Mira! Què deu ser això?” va preguntar en Pip. “No sé...” va respondre en Pop. “Jo vaig a veure què és” digué en Pip. “Ai que m’ensumo problemes un altre cop...” va dir el seu amic Pop.

“Vine a veure això!” va cridar el seu amic Pip. “És una cosa tova, no passa res” deia mentre tocava aquella cosa blanca que l’aigua feia moure. De sobte, sense que pogués fer-hi res, es va trobar dins d’aquella cosa blanca i tova. En Pip mirava de sortir d’allà dins però, per més que ho intentava, no podia sortir. Aleshores va començar a cridar “Pop! Ajuda’m! Que no puc sortir!” En Pop, tot espantat, l’hi deia: “Jo no sé què puc fer... Mira de trobar un forat per poder sortir...” Però en Pip continuava cridant: “Ja ho faig però no en veig cap! Ajuda’m!” El seu bon amic estava molt espantat doncs ben mirat no sabia què podia fer per molt que rumiés com poder salvar en Pip. De sobte, va a començar a cridar: “Socors! Socors! Ajudeu-me!” De seguida va sentir una veu gruixuda darrera seu: “Què crides petit? Què et passa que crides tan?” I ell es va explicar: “El meu amic està ficat dins d’aquesta cosa. I jo no sé què fer perquè en pugui sortir...” La carpa grossa que havia sortit ràpidament de no sé on, va dir: “A veure, deixa’m pensar un moment... Ja està! Ja sé què farem! Tu fes el que jo et diré: Tu posa’t per on el teu amic ha entrat i jo tibaré aquesta cosa per l’altra banda.” I així ho varen fer. En Pop es va posar a cridar el seu amic pel lloc on l’havia vist entrar i, aleshores, la gran carpa va agafar aquella cosa per l’altre costat al mateix temps que tibava cap amunt. De sobte va sortir en Pip tot esverat. “Bufa! Ara sí que m’he espantat!” va dir en Pip.

“Què?, noi, estàs bé?” va dir la carpa grossa. “Qui és aquesta?” va preguntar en Pip al seu amic. “Ja pots donar- li les gràcies... Si no arriba a ser per ella, encara estaries dins d’aquella cosa!” va explicar en Pop al seu amic. “Perdoni i gràcies per haver-me salvat, senyora carpa” va dir en Pip.

“Digueu-me, què feu vosaltres tan petits en aquest lloc? És que els vostres pares no us han dit que aquest lloc és molt perillós?” va exclamar la carpa. “Sí” va dir en Pop “però aquest” va dir assenyalant al seu amic Pip “és... a veure, com ho diria jo... una mica busca problemes i una mica dur de closca. I se l’hi ha ficat al cap que havia de venir aquí a ficar-se en problemes i, quant a ell se l’hi fica una cosa al cap, ja ha vist el que passa.” La gran carpa va dir: “Doncs mal fet, nois. Al nostre entorn ja hi ha suficients perills perquè hagueu de venir aquí a buscar-ne més.” En Pop, amb cara de circumstàncies, va dir: “Això dic jo! Però, ell és així, si no pot buscar problemes llavors no és feliç.” Encara no havia acabat de parla, que en Pip va sortir corrents nedant i cridant: “Mireu quina cosa més estranya surant sobre l’aigua!”

I sí, així era. Hi havia veritablement una cosa a l’aigua que no havien vist mai. Era rodona, de color vermell i tenia una cosa semblant a ratlles tortes de colors. “Mireu... Mireu que lluent és per aquest cantó!” deia en Pip mentre si acostava tot expectant. De sobte va sentir un cop a la seva panxa. Del salt que va fer, va sortir del riu fent un giravolt abans de tornar a caure de nou a l’aigua. “Que esteu bojos? Us podríeu haver fet mal!” va dir amb cara enfadada la carpa i va afegir “Noiet, aquest cop sí que has estat a punt de fer-la grossa! Això que acabes de veure sí que és una trampa mortal...” En Pip, tot espantat, va preguntar: “Ah, sí? I per què és tan perillós?” Tot assenyalant aquella cosa, la carpa digué: “Mira, veus aquell forat fosc que té en aquell lloc tan brillant?” Els dos peixets van contestar que sí a la vegada. “Doncs és una trampa pels peixos petits com vosaltres” va explicar-los la carpa. “I per què?” varen preguntar ells. La carpa va continuar la seva explicació: “Els peixos petits s’hi acosten com has fet tu Pip i de sobte queden ficats dins i, com que no saben sortir-ne, queden atrapats allà dins i la corrent del riu se’ls emporta riu avall lluny de casa seva i aleshores es fan grossos però no poden sortir-ne mai més i al final acaben morint-se.” En Pip va exclamar: “Òndia! Doncs sí que n’és de perillós aquest lloc!” En Pop, mirant la senyora carpa va afegir: “I segur que encara n’hi deuen haver més de coses perilloses. Veritat?” Ella va respondre: “Doncs sí que n’hi ha. Veniu i no goseu moure-us del meu costat.” Ells, que ja estaven molt espantats, això ho varen fer sense replicar.

Quan ja s’acostaven al mig del riu, la carpa els digué: “No us moveu. Mireu això! Oi que sembla un cuc?” I ells varen respondre que sí. “Doncs si intenteu menjar-vos-el llavors ningú us tornaria a veure mai més. Mireu-lo bé i veureu que hi ha una cosa punxeguda que aguanta el cuc. Doncs si intenteu menjar-vos-el llavors això se us clavaria a la boca i aleshores aquesta cosa punxeguda us trauria de l’aigua i tampoc aquest cop tornaríeu vius a l’aigua.”

“Jo ja n’he tingut massa de tot plegat... Jo me’n torno a casa!” va dir en Pop que estava tremolant de por. “I jo també!” va dir en Pip. “Espereu!” va dir la senyora carpa “que us hi acompanyo i així aprofitaré per explicar-vos més coses que vull que sapigueu.”

“Mireu, no us penseu que al lloc on viviu no n’hi ha de perills. És molt important que sapigueu amb quines coses us haureu d’enfrontar en el futur. Sabeu que per sobre el riu volen ocells que es mengen els peixos petits com vosaltres?” I en Pop va respondre: “Sí! Son les gavines! El meu pare m’ho ha explicat. I també se’ns mengen el ànecs. És per això que el pare no vol que sortim de sota las branques.”

“Sí, és veritat tot el que els vostres pares us han explicat. Però també hi ha peixos que se us podrien menjar.” I tots dos van dir: “Això no m’ho han explicat!” I la carpa va continuar: “Doncs sí que existeixen doncs jo els he vist més d’un cop. Es diuen Siluros. Son quasi gegants i tenen una boca deu vegades més gran que la meva i uns bigotis molt llargs.” Tot rient, l’hi van dir: “Tu també en tens de bigotis i no ets pas gens perillosa. Tot al contrari doncs avui ens has salvat més d’un cop.”

“Vaja, hem arribat per fi a casa” va dir en Pop, tot bufant per la tranquil•litat que sentia pel fet de ser de nou a casa.

“Pip... Pop... on éreu? fa estona que us busquem!” varen dir els seus pares quan els varen veure arribar. “Perdonin, senyors. Ha estat culpa meva. Els he vist jugant fora de les branques i els he estat explicant els perills que els pot suposar estar fora del seu lloc i del costat de les seves famílies” va dir la carpa tot mirant els dos petits peixos al mateix temps que els picava l’ull. Després de dir adéu a tots, va girar cua i va marxar nedant amb el seu posat tot seriós i dient adéu amb les seves aletes.

Explica la història que, quan en Pop i en Pip foren ja uns avis, els agradava explicar les seves històries als més petits. Però, ja en aquells temps, cap peix anava a l’altra banda del riu. I és que l’aigua era tan bruta i tan plena de deixalles que ja ni hi anaven a pescar els anomenats pels peixos “els sers estranys”. De fet, ells foren els culpables de que en aquell lloc no hi hagués cap peix, ni arbres, ni matolls, ni cap mena de forma de vida.

Dedicat als meus fills. En record dels contes que els explicava quan eren petits a la vora d’una foguera durant la nit quan anàvem d’acampada.
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dissabte, 4 de setembre del 2010

La muchacha de los ojos verdes y grises (XII)

Desde aquel mismo día dejé de ser sólo Mar para convertirme en la señorita Mar. Y, con el tiempo y la ayuda de todos, me convertí en una buena empresaria aunque nunca dejé de recordar mi humilde procedencia ni nunca dejé de ser amiga de los que siempre fueron mis amigos ya que era con todos ellos que yo seguía pasando mis mejores momentos.

Al final acabé perdonando a mi padre. Y así se lo dije un día en que fui a poner flores a su tumba.

Y los que me conocían bien desde hacía años, como Eva, Juan y Carmen, no volvieron a ver mis ojos de color gris nunca más ya que mi vida y mi conciencia estuvieron siempre en paz y harmonía con todos y con todo.

A menudo pensaba en mamá y en lo orgullosa que se sentiría si pudiese verme teniendo la vida que ella siempre deseó que tuviese.

FIN





Escrito por Francesca Membrives Martínez





ACLARACIÓN DE LA AUTORA

Ésta es la historia de una persona casi perfecta, puede que demasiado perfecta para ser real (como hoy me ha dicho una muchacha con un criterio en el que confío plenamente).

Es por eso que creo que he de hacer una aclaración respeto a la protagonista de esta novela: Es un personaje totalmente ficticio. Y, según mi opinión, es cómo querríamos ser casi todos los seres humanos (incluyéndome a mi misma y a todas aquellas personas que, por el simple hecho de ser humanas, somos tan imperfectas).

Aunque puede que eso sea seguramente un deseo únicamente personal.
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dijous, 2 de setembre del 2010

La muchacha de los ojos verdes y grises (XI)

Al llegar al despacho de su padre, Eva corrió a besar a su padre al mismo tiempo que le decía: “Papá, esta ricachona me ha llamado cotorrita.” A lo que su padre le respondió: “Lo de cotorrita lo comprendo muy bien y estoy totalmente de acuerdo con Mar. Lo que no acabo de entender es lo de ricachona.” Eva estuvo a punto de empezar a contarle a su padre lo ocurrido en el despacho del abogado. Pero se detuvo, me miró y me pidió que fuese yo la que le contara a su padre todo lo ocurrido aquella mañana. Yo le expliqué todo cuanto había ocurrido sin omitir nada: la lectura del testamento, la cuantía de los bienes heredados, lo que supuestamente podía ocurrir si no aceptaba la herencia, y mi decisión final de aceptarla. Al terminar mi relato sobre todo lo ocurrido, el que hasta en aquel momento había sido mi jefe se levantó de su asiento, se acerco a mí y me dio un fuerte abrazo diciéndome que, desde el primer momento, daba por hecho que seguro que yo haría lo correcto. Yo le respondí que lo que sí era cierto es que estaba aterrada por la responsabilidad de tener que dirigir una empresa tan grande sin tener ni la más remota idea de cómo debía de hacerlo. A lo que él me respondió: “No debes preocuparte por eso ya que tu eres inteligente y doy por hecho que, en cuanto te conozcan, seguro que tendrás ayuda por parte de las personas que hasta ahora habían ayudado a tu padre en todo cuanto fuese necesario.” Además, él no pensaba dejarme sola ya que siempre estaría a mi lado para ayudarme en todo lo que necesitara y para aconsejarme en cuando tuviese alguna duda.

Por la noche conté a mis compañeras de piso todo lo que había ocurrido. Lo primero que me dijeron fue que me echarían mucho de menos cuando me marchara.

Lo cierto es que hasta aquel momento no había pensado en que tendría que mudarme de casa. Aunque el abogado me había informado de que también había heredado las propiedades y la casa que, hasta su muerte, había sido el hogar de mi padre, lo cierto es que no había pensado en absoluto en ello.

Tal como habíamos quedado con el abogado, el lunes fui a verle para la firma de documentos y otros asuntos pendientes. Al terminar de firmar, me hizo entrega de las escrituras de las propiedades que desde aquel momento me pertenecían, incluida la de la casa que había pertenecido a mi padre hasta el momento de su muerte. También me hizo entrega de un montón de llaves de las propiedades, de los automóviles y de un yate. Desde el primer momento, pensé que para qué quería yo un yate si no sabía ni cómo se utilizaba… Después me fue explicando, de una en una, a qué propiedad pertenecía cada manojo de llaves y el lugar dónde estaba ubicada cada propiedad y la empresa que desde aquel momento me pertenecía, así como una lista con los nombres de las personas y los cargos que ocupaban en la empresa. Después me habló de las personas que habían sido las encargadas del buen funcionamiento de la casa de mi padre hasta la muerte de mi padre. También me informó que, si era mi deseo, podía sustituir a las personas encargadas del buen funcionamiento del que iba a ser mi hogar desde el momento en que yo así lo decidiera. Volvimos a quedar en vernos al día siguiente para que siguiera explicándome todos los pormenores de todo lo que tenía que ser primordial que yo supiera. Yo le pedí que, por favor, si podría hacerme el favor de acompañarme al lugar donde se encontraba la casa que tenía que ser mi nuevo hogar. Quedamos en que comeríamos juntos y que después me acompañaría hasta mi nueva casa y me presentaría a las personas que trabajaban en la casa hasta aquel momento.

No tengo ni que decir que salí del despacho aterrada por tanta responsabilidad y por no creerme capaz de poder llevar a buen término todo lo que se me venía encima. No me lo pensé dos veces y fui a ver al padre de mi amiga para pedirle consejo ya que él se había ofrecido a ayudarme cuando yo lo necesitase y en aquel momento bien sabe Dios que le necesitaba.

En cuanto me vio, me preguntó que cómo iba todo. Yo le contesté que muy mal, que no sabía cómo iba a salir de todo aquello. Me pidió que le contara qué era lo que me tenía tan preocupada. Yo le conté todo cuanto había hablado con el abogado y mis temores de no saber estar a la altura de las circunstancias. Me tranquilizó diciéndome que tenía que tomarme las cosas con más calma ya que nadie iba a esperar que lo supiese todo rápidamente y que, si lo deseaba, me acompañaría el día siguiente al despacho del abogado. Yo le respondí que, si podía, se lo agradecería. Así que quedamos para vernos al día siguiente para que me acompañase a ver el abogado.

La comida con el abogado fue mejor de lo que yo me esperaba ya que él se dio cuenta enseguida de mi nerviosismo y me tranquilizó diciéndome que estuviese tranquila, que no tenía que temer nada, que las cosas se aprenden mejor si se va despacio, que yo era muy joven y tenía mucho tiempo para aprender.

Después de comer, nos dirigimos a mi nuevo hogar. La casa, si se le podía llamar casa ya que a mi me pareció un palacio, estaba ubicada en Sarrià, uno de los barrios más lujosos de Barcelona. En cuando llegué a la puerta de la casa, se me hizo un nudo en la garganta que, en aquel instante, me recordó cuando tuve que pasar los exámenes de reválida. El abogado se dio cuenta de mi nerviosismo y, agarrándome con ternura del brazo, me dijo al oído: “Tranquila, que tú eres la dueña. Puedes comportarte con toda normalidad y como siempre has tenido la costumbre de comportarte.

Después de ver la casa y de conocer a las personas que tenía a mi servicio, empezaba a desear no haber aceptado la herencia ya que todo aquello yo creía que me superaba. De repente recordé el piso en el que viví con mamá y me dije a mí misma: “Tienes que superar el miedo, por mamá, por cuanto tuvimos que pasar. Tengo que ser como mamá siempre deseó que fuera, una verdadera señorita, segura de mí misma e independiente pero sobretodo valiente.”
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dimarts, 31 d’agost del 2010

La muchacha de los ojos verdes y grises (X)

Cuando llegamos, nos recibió y nos invitó a entrar a su despacho. Una vez dentro, pidió que por favor nos sentásemos. Cuando los tres estuvimos sentados, dirigiéndose a mí dijo: “Usted dirá, señorita Mar, ¿en qué puedo serle útil?” Le respondí que, en primer lugar, quería disculparme por la forma en que me había comportado la vez anterior, dado que según mi forma de pensar me había comportado de una forma muy poco correcta. Él me contestó: “Mire, señorita Mar, su manera de comportase no sólo fue del todo correcta sino que, además, demostró que para usted son más importantes los sentimientos y sus principios que cualquier fortuna, ya que no demostró ningún interés en saber de qué cantidad de fortuna estábamos hablando. Puedo asegurarle que eso no es una cosa nada corriente. Por mi profesión, puedo asegurarle que el interés económico suele estar siempre por encima de toda clase de sentimientos. Así que, no tiene porque disculparse.”
- Verá, señor, ayer me fue entregada una carta dirigida a mí. En ella, a parte de algunas cosas personales, se me comunicaba que, si no aceptaba la herencia, algunas personas podían verse perjudicadas debido a mi decisión. También se me informaba que usted podría explicarme dicha cuestión con todo detalle y por eso he decidido venir, para que por favor usted me lo explique.
- Sí, en cierta forma, así es – me respondió -. Ahora se lo explico… Su padre, además de ser dueño de una gran fortuna, era también el dueño de una gran empresa con cientos de trabajadores. Además, muchas empresas tienen trabajo debido a que suministran material para la empresa de su padre. Por lo tanto, si usted no acepta la herencia y no es usted la que se haga cargo de dicho empresa, no sé lo que puede pasar. Pero lo más probable es que se cierre dicha empresa ya que, no habiendo más herederos, lo que suele ocurrir normalmente es que pase a manos del gobierno. Es por ello que yo insistí en que se lo pensase muy bien, dado lo extraordinario de este caso, y que, antes de tomar decisión alguna, lo consultase antes conmigo.
- Bueno, tal y cómo están las cosas, - contesté - no creó que me quede ninguna otra opción que no sea la de aceptar lo que, al parecer, alguien decidió que fuera mi futuro.

El abogado me preguntó si me parecía bien que, aprovechando que estaba allí, diera lectura al testamento. Yo le contesté que me parecía bien.

La lectura del testamento me pareció, en principio, algo complicada. Pero, al terminar su lectura, el abogado me preguntó si deseaba que me aclarara alguna duda. Así que le pedí que me aclarara algunas de las cosas que no me habían quedado demasiado claras. Y él no dudó ni un momento en aclararme todas mis dudas.

Antes de marcharnos me ofreció sus servicios ya que, hasta aquel entonces, él era el que se ocupaba de todos los asuntos legales de mi padre. Le contesté que me gustaría que siguiera trabajando para mí. Quedamos en vernos la semana siguiente.

En cuanto salimos a la calle, Eva me dijo sonriendo: “Bueno, ¿y ahora qué desea hacer la señorita?” Yo le respondí: “Noto cierto sarcasmo en sus palabras, señorita.” Ella me replicó: “Desde este momento, te tendré que tratar con más miramientos dado que tú eres mucho más rica e influyente que yo.” Yo dije: “Pobre de ti que se te ocurra tratarme de forma distinta. Además, yo no soy más afortunada que tú ni mucho menos. Tú serás siempre más afortunada que yo, ya que yo no tengo unos padres que cuiden de mí. Ni siquiera tengo familia con la que compartir todo cuanto ahora poseo.” Y ella me replicó: “No quiero volver a oírte decir lo que acabas de decir. Me tienes a mí. Y a mis padres que, te quieren tanto, que se pasan todo el día hablando de ti como si fueras su hija. También tienes a todas las personas que te conocen, las cuales te adoran. Tienes a Juan y a Carmen, que siempre están pendientes de ti como si realmente de su hija te tratases. Y, por si fuera poco, no tienes que aguantar al pesado y mimado de mi hermano que me está dando la lata todo el día. Así que, por favor, no vuelvas a decir que no tienes familia nunca más.”

- ¿Qué te parece si vamos a ver a papá y le contamos lo que te ha dicho el abogado y tu firme decisión de convertirte en empresaria? – Me preguntó Eva.
- Como siempre, tú se me has adelantado ya que yo te lo iba a proponer en cuanto tú me dejases hablar, querido cotorrita. – Le respondí riendo.
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divendres, 27 d’agost del 2010

La muchacha de los ojos verdes y grises (IX)

De camino a casa apenas si pronuncié palabra alguna. Tenía mi pensamiento en todo cuanto había pasado en los últimos días. Eva me miraba. Ella, tan comprensiva cómo siempre, respetaba mi silencio.

Al llegar a casa me sentí fatal y me derrumbé de golpe. Me senté en el sofá y, sin saber el por qué, no pude contenerme y empecé a llorar. Eva se sentó a mi lado, agarró mis manos y me dijo: “Por favor, dime alguna cosa. Si no me hablas, no sé lo qué puedo hacer. Y eso hace que me sienta impotente ante tu dolor.” Yo la miré y, entre sollozos, dije: “No sé lo que me pasa, me siento como si todo a mi alrededor se estuviese derrumbando y yo no pudiese hacer nada. Me siento mal conmigo misma ya que todos pensáis que soy una buena persona y yo ahora pienso por primera vez que no soy buena persona.” Eva me miró fijamente y dijo: “Tú eres muy buena persona, es por eso que eres mi mejor amiga y siempre lo serás.” Yo le respondí: “Entonces ¿por qué, después de leer la carta de un moribundo del cual llevo su sangre en mis venas, no soy capaz de perdonarle?” Ella contestó: “Creo que lo que te ha ocurrido te ha afectado cómo afectaría a cualquier persona. Lo único que necesitas es tiempo para asimilar todo lo ocurrido. Cómo te conozco muy bien, sé que llegará el día en que seguro que le perdonarás y tú te sentirás feliz de haberle perdonado.” Y, después de un silenció, añadió: “Ahora supongo que no querrás que tu mejor amiga se muera de hambre… Ahora lávate la cara y ponte guapa, pero demasiado porque, sino, yo yendo a tu lado no encontraré nunca novio.” Yo la miré y sonreí y por fin dejé de llorar.

Las dos pasamos el día juntas. Primero fuimos a comer en un lugar tranquilo y después estuvimos paseando por la montaña de Montjuïc, un lugar muy bonito y tranquilo de la ciudad. Cuando por fin regresamos a casa, ya era casi de noche. Yo me había recuperado y estaba más tranquila gracias a mi amiga que no cesó de gastarme bromas y de hacerme sonreír. Cuando llegamos a casa, ya habían llegado mis compañeras de piso. Eva se despidió de mí, tocando mi cara con su mano a la vez que me decía: “Y ahora a dormir, que mañana por la mañana nos volveremos a ver. Y espero verte sonriendo como siempre, ¿de acuerdo?” Yo le sonreí dándole las gracias por todo.

No sé si fueron las dos tazas de infusión de manzanilla que tomé o lo bien que lo pasé por la tarde con Eva, pero lo cierto es que dormí toda la noche tranquilamente y me desperté descansada y relajada y con las ideas mucho más claras. Así que, cuando llegó Eva, ella notó enseguida que estaba mucho mejor. “Veo que, por lo menos, sirvo para levantarte los ánimos”, dijo bromeando. “Sí, pero que por eso no se te vayan a subir los humos a la cabeza”, le contesté sonriendo.

Invité a Eva a que desayunáramos las dos. Me dijo que ella ya había desayunado pero aceptó tomar un café mientras yo desayunaba. Cuando hube terminado, le pregunté si deseaba acompañarme a hablar con el abogado con el que había hablado hacía un par de días y con el que había vuelto a hablar por teléfono antes de que ella llegase. Los dos habíamos quedado en vernos aquella misma mañana. Eva respondió que sí, que con mucho gusto me acompañaría.
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dimecres, 25 d’agost del 2010

La muchacha de los ojos verdes y grises (VIII)

A media mañana llamé a Eva. Ella supo por mi voz que algo me ocurría. Le dije que si podíamos vernos cuando saliera de la oficina. Me contestó que por supuesto que sí. Pero Eva no esperó a que terminara mi horario de trabajo. Al poco tiempo ya estaba a mi lado, pidiéndome que le explicara qué me pasaba.

Yo le expliqué lo que me había pasado el día anterior, las dudas que tenía y que no sabía qué hacer. Ella me dijo que no se extrañaba de mi preocupación ya que se trataba de una decisión muy dura, y sobretodo para mí debido a que sabía como pensaba yo y mi forma de querer hacer siempre lo que yo consideraba correcto. A continuación me dijo que esperase un momento, que enseguida volvía. Al poco tiempo vino a mi lado diciéndome que deseaba que no me lo tomase mal pero que había hablado de mi problema con su padre y que su padre deseaba verme. “¿Ahora?” le pregunté. “Sí, por favor.” me respondió.

La acompañé al despacho de su padre, que era también mi jefe. Al entrar, él se acercó, me agarró cariñosamente por los hombros, me dijo que me sentase y yo me senté en una silla. A mi lado se sentó su hija Eva. Él se sentó en una esquina de su mesa. Empezó diciéndome que su hija le había explicado lo que me ocurría y que comprendía mi situación y mi preocupación, pero que tenía información que podía ayudarme a tomar la decisión más correcta. “Primero”, dijo, “tengo que pedirte perdón por no haberte contado nunca lo que ahora voy a contarte. Y a ti también, Eva, por no haberte comentado nunca nada. Pero hice una promesa y yo nunca rompo mis promesas. Ahora sí que puedo ya que la persona a la que le hice la promesa me dijo que, cuando llegase este momento, debía explicárselo todo a Mar… Jorge, tu padre, te conocía desde hacia tiempo y estaba al corriente de todo lo que a ti se refería. La historia es larga, pero te pido por favor que escuches con atención todo cuanto tengo que contarte. Creo que será mejor que comience por cómo empezó todo… Yo, por asuntos de negocios, conocía a tu padre desde hacia tiempo y a menudo nos encontrábamos en reuniones y en fiestas en las que en algunas ocasiones los empresarios solíamos asistir. En una de las veces en que nos vimos, le enseñé unas fotos de mi hija Eva. En una de ellas estabas tú al lado de Eva. A él, al verte, supongo que le llamó la atención la gran semejanza que tú tenías con él. Me preguntó quién era la muchacha que estaba al lado de Eva y yo le contesté que era una compañera de la universidad y una muy buena amiga de mi hija. Él, en aquel momento, no me preguntó nada más. Pero al día siguiente vino aquí, a mi despacho, y me preguntó si sabía más cosas acerca de ti. Yo, aunque extrañado por su interés en saber más cosas de ti, le conté lo poco que sabía dado que sólo sabía lo que de ti me había contado Eva. Jorge se quedó pensativo y me hizo prometer que no contaría a nadie lo que él me iba a contar a continuación. Yo le prometí que así seria. Me contó que tú eras su hija, que te había tenido con una chica que había conocido hacía años pero que nunca supo que hubiese quedado embarazada ya que nunca volvió a verla ya que él, por aquel entonces, estaba casado. Pero que lo descubrió por casualidad cuando, años después, cuando volvió con su esposa al pueblo donde conoció a tu madre, entró en el bar dónde trabajaba tu madre y te vió a ti y le llamaron la atención tus ojos ya que eran igual que los suyos y reconoció a tu madre llamándote hija. Luego, al verte en la foto junto a Eva y decirle yo todo lo que sabía acerca de ti, supo que tú eras su hija. A partir de aquel momento, yo me convertí en su cómplice ya que, debido a tu amistad con Eva, siempre le mantenía informado de todo l oque hacia referencia a ti. Lo siento pero es importante para mí que comprendas mi silencio y el por qué nunca te dije nada de todo esto que te estoy contando ahora.”

Después de un corto momento de silencio, se levantó, se dirigió a un cajón de su mesa, sacó un sobre y me lo entregó. “Ten,” dijo mientras alargaba su mano dándome lo que parecía ser una carta, “Jorge me dijo que te la diera cuando llegase este momento.” Y yo dije: “Dado lo poco corriente de la situación, creo que será bueno que la lea en voz alta.” Como ninguno de los presentes puso ninguna objeción, abrí la carta y empecé su lectura en voz alta.

“Querida hija,

Sé seguro que no te gustará que te llame hija. No te lo reprocho. De hecho, me lo merezco después de lo que por mi culpa has tenido que pasar. Pero, por favor, te pido que no rompas esta carta sin antes haberla leído. Ya sé que no merezco tu comprensión pero ten en cuenta que, cuando estés leyendo esta carta, yo ya no estaré entre vosotros, los vivos.

No quiero que pienses que, con lo que te voy a contar, mi intención es que me perdones todo el daño que os hice a ti y a tu madre. No es eso lo que pretendo. Quiero que sepas la verdad sin esperar por ello que me perdones, aunque ese sería mi más profundo deseo.

Conocí a tu madre en un mal momento de mi vida. En ella reencontré todo aquello que no sentía desde hacía ya mucho tiempo: dulzura y sobretodo amor. Yo, aunque te cueste creerlo, también sentí amor por ella. Pero yo, por aquel entonces, estaba casado. Y he de confesar que, en eso, sí que fui un cobarde no diciéndoselo a María, tu madre. Pero sé que ahora es demasiado tarde para arrepentirse ya que nada puedo hacer ya por ella.

No supe que María estaba embarazada, aunque no sé si eso hubiera cambiado en algo las cosas ya que en aquel momento mi matrimonio pasaba por un mal momento. No era por culpa mía ni de mi esposa. El problema era que los dos deseábamos desesperadamente tener hijos y no hubo forma de poder conseguirlo. La que entonces era mi esposa estaba muy afectada por todo ello. La verdad es que hicimos todo lo que nos aconsejaron los médicos pero la naturaleza humana no siempre responde a nuestros deseos. Nosotros nos esforzamos para que las cosas no cambiaran entre nosotros pero quizás no esforzamos demasiado y eso acabó pasando factura a nuestro matrimonio.

Sé que esto puede parecerte una excusa pero no lo es. Yo solo quiero que sepas toda la verdad de cómo fueron las cosas.

Creo que yo deseaba engañarme a mí mismo diciéndome que todo lo hacía por la que entonces era mi esposa y, de esa forma, calmar mi conciencia. Aunque ahora pienso si realmente tenía conciencia ya que, si la hubiera tenido, no os hubiera abandonado a las dos, de la forma en que lo hice. No sé si tú lo recordarás pero cuando eras muy niña, por casualidades de la vida, te ví y también ví a María, tu madre. Al verte y al ver tus ojos y al oír a María llamarte hija, supe sin ninguna duda que tú eras hija mía. Pero, por miedo y por ser un cobarde, nada dije. Y no volví nunca más al pueblo dónde vivíais. Per no por eso dejé de pensar en ti ni un solo instante.

Mi cobardía la he pagado como siempre se paga el mal que haces: con el dolor de saber que tienes la hija que tanto deseas, saber que es una muchacha extraordinaria, inteligente, además de ser la mujer más bella que jamás vieron mis ojos y, por suerte, mucho más honrada que su padre.

Sé que tú nunca lo supiste pero, en cuanto supe dónde trabajabas, fui en más de una ocasión al lugar dónde tú trabajas aprovechando cualquier excusa para poder verte. ¡Si supieras las veces que deseé acercarme a tu lado y decirte “soy tu padre” y poder abrazarte! Pero sabía que tú, con toda la razón del mundo, no querías saber nada de mí ya que ni tan siquiera me conocías.

Ahora lo único que te pido, aunque ningún derecho tengo, es que por favor aceptes mi herencia ya que, cómo te explicará el abogado que lleva mis asuntos, si no la aceptas entonces muchas personas van a salir perjudicadas sin tener la culpa de todos los errores que yo he cometido al largo de mi vida.

Ruego a Dios, en estos últimos días de vida, que me perdone y que me conceda el deseo de que algún día tú también puedas perdonarme.

Gracias por haber leído esta carta.

Tu padre, que te adora, Jordi.”

Cuando terminé de leer la carta, miré a mi amiga y a su padre. Éste agachó su cabeza diciéndome: “Por favor, perdóname por no haberte dicho nada hasta ahora.” Yo le respondí que nada tenía que perdonarle ya que él había sido fiel a su promesa y, para mí, eso significaba ser honrado. Él se acercó a mí y me abrazó diciéndome: “Todos los padres del mundo seguro que se sentirían orgullosos de tener una hija cómo tú.” Me levanté y le dí las gracias por todo. Él, a su vez, dijo a su hija que me acompañase a mi casa y que pasara el resto del día conmigo, pues seguro que en esos momentos era cuando más necesitaba tener alguien a mi lado. A mí me dijo que me tomara un par de días libres ya que seguro que los necesitaba para pensar en todo lo ocurrido.
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